Nikki arrugó la nariz.

– Eso es lo que un editor todo tieso me predicaba a mí esta mañana. Me acusó de robar las ideas a Ellery Queen, ¡el despreciable insecto!

– ¿Por qué llamarle despreciable insecto? Creo que tenía bastante razón. Tiene que escribir a partir de experiencias de primera mano.

– No estaba llamando despreciable insecto al editor. Me refería al señor Ellery Queen.

Ellery la miró por el rabillo del ojo.

– ¿Por qué? -preguntó sonriendo a la carretera que tenían delante.

– Porque escribe ñoñerías imbéciles.

Él sintió calor en la nuca.

– A juzgar por el número de libros suyos que tiene, imaginé que más bien le gustaban sus patrañas.

– Él es mi Némesis -declaró ella con amargura-. Preferiría no hablar sobre él -se calló un momento y luego dijo-: Luego usted piensa que hay una historia en Ba… en mi escapada de casa, ¿no?

– Naturalmente -dijo Ellery. Era bastante agradable ser llamado Némesis de alguien-. Naturalmente, o no me habría tomado todo este trabajo. Heredera que huye, padre implacable, madre angustiada, novio en un aprieto. ¿Qué más se puede pedir para empezar?

– Supongo que no se da cuenta de que es usted ofensivo -dijo ella fríamente.

– Con esa actitud nunca será capaz de escribir. Tiene que ser objetiva. No puede ser personal. No se haga a la idea de que le voy a poner a usted, a su padre, o a cualquiera otra persona en el libro. Dejo ese tipo de cosas a los periodistas. Después de todo, soy un escritor de ficción. Trato sobre la causa y el efecto, las reacciones y el comportamiento humanos, los fundamentos del carácter. Los rasgos superficiales de la gente son sólo sus máscaras. No me interesan.



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