
– La encontró, ¿eh? -dijo por fin débilmente.
– Puse un hombre a seguirte cuando te fuiste de aquí. Buen trabajo, chico. Lo hiciste todo bien, menos la chica. Te equivocaste de chica. La señorita Braun está viviendo con la señorita Porter.
– ¡Oh! -Ellery tragó saliva.
– Pero gracias, hijo, por tratar de ayudar a la policía. Siempre agradecemos la ayuda civil. Y, hijo…
– Dilo, dilo, lo puedo soportar.
– Sólo iba a decir que cuando crezcas y tengas un hijo propio y cuando algún día te des cuenta de que es listo, te darás cuenta de lo orgulloso que estoy de ti.
¡Clic!
Otra vez en su coche, Ellery miró hoscamente la luz roja del semáforo del cruce de calles. ¡Que le hubiese hecho pasar por un tonto! ¡Haber sido convertido en un imbécil por una mujer!
El semáforo se puso verde. La suela de Ellery pisó el acelerador con verdadera furia. El coche rugió en dirección a Spuyten Duyvil. Pasó aullando a través de la puerta de la Casa de Salud. Paró con un chirrido delante de la segunda entrada.
Ellery echó una mirada por el vestíbulo de recepción vacío, y luego subió rápidamente las escaleras. En la segunda puerta a la derecha leyó: Doctor M. Rogers. Atravesó sin ceremonia la puerta abierta. Para su sorpresa se encontró con la habitación vacía Aparentemente no había nadie por los alrededores. Fue a la puerta que había a su derecha y llamó. No hubo respuesta. La abrió y miró dentro de la habitación. Esta habitación también estaba vacía. En medio de ella había una camilla esmaltada de blanco cubierta por una sábana. Había vitrinas de cristal llenas de instrumentos brillantes, dos sillas rectas de metal y un surtido de lámparas de rayos ultravioleta y solares.
Cerró la puerta y echó una mirada por la oficina. Al lado de una silla con respaldo de cuero estaba la maleta de Nikki.
¡Todavía estaba allí! Pero ¿dónde podía estar?
Oyó un ligero ruido y se quedó quieto, escuchando. Aparentemente, alguien tenía dificultades para dar la vuelta a una llave en la cerradura de la puerta al otro lado del vestíbulo. Se echó a un lado, fuera de la vista de quien saliera. Oyó la puerta abrirse y cerrarse. Pat, pat, pat, a través del vestíbulo. Deprisa. Corriendo…
