
En su frustración, Gordon casi no percibió el ruido. Pero luego se detuvo bruscamente para escuchar.
¿Eran voces?
Una escarpada garganta abría la vegetación justo al frente. Corrió hacia allí hasta que vio la silueta de esta montaña y otras de la cadena, envueltas en una espesa bruma, de color ámbar en lo alto del lado oeste y de un púrpura oscuro donde el sol acababa de ponerse.
Los sonidos parecían provenir de abajo y del este. Y sí, eran voces. Gordon escudriñó la serpenteante línea de un sendero en el flanco de la montaña. Divisó a lo lejos un breve estallido de color que ascendía lentamente por los bosques.
¡Los bandidos! Pero ¿por qué están subiendo de nuevo? No podían ser ellos, a menos…
A menos que Gordon estuviese ya muy al norte del camino que había tomado el día anterior. Debía de haber pasado de largo del lugar de la emboscada y salido por un sendero lateral. Los bandidos estaban escalando una bifurcación que él no había visto el día anterior y que conducía a aquel paso más directamente que la que él había tomado.
¡Éste debía de ser el camino que conducía a la guarida de los ladrones!
Gordon escrutó la montaña. Sí, logró ver una especie de pequeña cueva que podía servir, al oeste, sobre un saliente cerca del paso menos utilizado. Sería defendible y muy difícil de descubrir por casualidad.
Gordon sonrió aviesamente y giró también al oeste. La emboscada era una oportunidad perdida, pero si se apresuraba podría desvalijar el refugio de los bandidos, si conseguía adelantárseles unos minutos y robar lo que necesitaba: comida, ropa y algo para llevarlas.
¿Y si el escondrijo no estaba deshabitado?
Bueno, tal vez pudiera tomar a sus mujeres como rehenes e intentar hacer un trato.
