

Mosley Walter
El Caso Brown
Easy Rawlins 07
Para Leroy Mosley
1
ElRatón ha muerto. Estas palabras llevaban tres meses penetrando en mi cerebro cada mañana. «El Ratón ha muerto por mi culpa.»
Cuando me incorporé, Bonnie se dio la vuelta y suspiró en sueños. El cielo empezaba a asomar por la ventana de nuestro dormitorio.
La imagen de Raymond con los ojos abiertos y ciegos, caído y quieto en el jardín delantero de la casa de Etta Mae, todavía aparecía en mi mente. Me levanté de la cama y fui tambaleándome hasta el baño. Me dolían los pies todas las mañanas, como si me hubiese pasado la noche andando en busca de Etta Mae para preguntarle adónde se había llevado a Ray después de sacarlo del hospital.
– Entonces, ¿todavía estaba vivo? -le pregunté a una enfermera que había estado de guardia aquella noche.
– No -me aseguró ella, cansinamente-. No tenía pulso. La enfermera jefe iba a llamar al médico para que certificara la muerte cuando esa mujer loca le dio un golpe en la cabeza a Arnold con una bandeja de sutura y se llevó el cuerpo del señor Alexander al hombro.
Fui al salón y tiré del cordón para abrir la cortina. La rojiza luz del sol penetró a través de las hojas desgreñadas de las palmeras que había al final de nuestra manzana. No había llorado abiertamente por la muerte de Raymond, pero aquella luz hecha jirones proyecto un intenso dolor en mi mente.
Tardé casi media hora en vestirme. No encontraba dos calcetines que hiciesen juego, y ninguna camisa parecía del color adecuado. Cuando me estaba atando los zapatos, Bonnie se despertó.
– ¿Qué estás haciendo, Easy? -me preguntó. Había nacido en la Guayana británica, pero su padre era de Martinica, de modo que bajo su inglés todavía resonaba la música del francés.
