– La mamá de Brawly quiere verle. Me ha llamado y he venido a visitarte. -No veía razón alguna por la que debiera mentir a Sam.

– ¿Así que has oído hablar de los Primeros Hombres? -me preguntó.

Asentí con la cabeza porque tenía la boca demasiado ocupada masticando.

– No tengo demasiada paciencia para toda esa mierda comunista -dijo Sam-. Si vienen a por mí, cojo una escopeta y les pego un tiro a todos.

– ¿Por qué iban a venir a por ti, Sam? Pensaba que a los que no podían soportar era a los blancos.

– Son como todos los demás ignorantes de por aquí, Easy. Odian a los negros más que a los blancos. Ven a un policía negro, o a un conserje de instituto negro y dicen que ese hombre es un traidor a su raza, y que merece morir. Van por ahí pidiendo donativos, y algunas personas tienen tanto miedo que aflojan la mosca. Pero sólo le piden dinero a la gente negra.

– ¿Protección? -Aquello me sorprendía.

– Bueno, en realidad no. Yo les dije que no y sólo gruñeron un poco. Pero están al borde del crimen organizado, al mismísimo borde.

– ¿Qué quieres decir? -pregunté.

– Un par de ésos vienen por aquí -respondió Sam-. A veces con Brawly, a veces no. Por la forma que tienen de susurrarse al oído unos a otros, sé que están planeando cosas. Nada de meriendas para críos, como dicen ellos. No. Son planes para la noche, para la oscuridad.

– Ya veo -dije.

Ya había comido y charlado bastante por el momento. Quería pensar en todo aquello, y Sam no era de ese tipo de personas que te dejan estar a tu aire tranquilamente.

– Gracias, señor Houston -dije, y me puse en pie. Vi a Clarissa detrás de Sam. Me miraba.

– Se reúnen todas las tardes más o menos a las seis -dijo Sam.

– ¿Quién?

– Los Primeros Hombres. Hablan casi cada noche.

– Ajá. -Dirigí una mirada a Clarissa y ella bajó la vista, fingiendo que estaba haciendo algo-. Gracias por tu ayuda, tío.



30 из 237