
– No he heredado nada. Es una tomadura de pelo.
– ¿Qué es una tomadura de pelo? ¿Jodie te está molestando con el correo otra vez?
Jodie iba a levantarse, pero en cuanto se abrió la puerta del despacho volvió a dejarse caer sobre la silla. Marcia Vinel era la prometida de Hamish. Un problema. Jodie la había oído decirle en más de una ocasión que debería despedirla.
– Es una secretaria temporal. No tiene experiencia.
– Pero me cae bien -había replicado Hamish para alegría de Jodie-. Es inteligente, intuitiva y organizada. Además, me hace reír.
– Tu secretaria no está aquí para hacerte reír, Hamish -había replicado Marcia.
No, pensó Jodie, guardando la ofensiva carta en una carpeta. La vida era algo demasiado serio como para reírse. En la vida lo único importante era ganar dinero. Para ellos.
– ¿Qué dice la carta? -preguntó Marcia-. ¿Es uno de esos timos en los que sólo caen los tontos?
Jodie se puso a teclear en el ordenador, como si el asunto no fuera con ella.
– ¿Dónde está la carta? -insistió la novia de su jefe.
– Es una de ésas en la que te ofrecen millones -suspiró Hamish-. Y Jodie no me está molestando. Venga, Marcia, tengo mucho trabajo.
– He venido a decirte que la delegación de Harrington llegará dos horas más tarde de lo previsto. Su vuelo se ha retrasado, así que puedes relajarte.
– Voy a cambiar las reuniones que tenía para esta tarde -dijo Jodie entonces, levantándose-. Pero creo que debería leer la carta.
No le gustaba Marcia, pero Marcia lo obligaría a echarle un vistazo.
– Jodie, por favor. Una carta en la que dicen que tengo un titulo nobiliario y que he heredado una fortuna… eso son cosas de niños.
