
– Pero no piden los datos de su cuenta bancaria. Sólo dicen que se ponga en contacto con un bufete de abogados en Australia. Puede comprobarlo si quiere.
– Déjame ver -dijo Marcia entonces, como Jodie había supuesto. Marcia era abogada y trabajaba para la misma empresa que Hamish. Ella era el cerebro, él el dinero decían algunos…
Pero Hamish había ganado el dinero usando su cerebro. En fin, eran un buen equipo, desde luego.
Hubo un silencio mientras Marcia leía la carta. Y tampoco ella parecía pensar que era un engaño. Podía verlo en su cara.
– Hamish, ¿tienes un tío que se llama Angus Douglas? ¿En Australia?
– No -contestó él-. Bueno, creo, que no…
– ¿No conoce a sus tíos? -preguntó Jodie.
– Mi padre emigró desde Escocia cuando era un niño. Hubo una pelea familiar… no sé. Nunca le habló de mi familia a mi madre y murió cuando yo tenía tres años.
– ¿Y nunca te has interesado por tu familia? -preguntó Marcia, sorprendida.
– ¿Para qué?
– Para saber quiénes son. Para saber si tu padre pertenecía a una familia adinerada…
– No, mi padre no tenía dinero. Emigró después de la guerra, cuando todo el mundo salía huyendo de Europa. Cuando se casó con mi madre no tenía nada -contestó Hamish, pensativo-. Lo único que sé es…
– ¿Qué?
– En la universidad, mi compañero de habitación estudiaba Historia Contemporánea. Una vez miré un libro sobre la historia de los emigrantes escoceses para ver si podía encontrar… Por lo visto, mi padre salió de Glasgow en 1947, en el Maybelline. No había otro Douglas en la lista de pasajeros, así que tenía que ser él.
– A lo mejor emigró al mismo tiempo que su hermano -opinó Marcia-. Y a lo mejor su hermano se marchó a Australia. Cariño, en esta carta dice que ese hombre se llamaba Angus Douglas, barón de Loganaich, y que murió hace seis semanas en Australia. Están buscando a su hermano, Dougal Douglas, o algún descendiente directo. Tu padre se llamaba Dougal, ¿no?
