Pero mientras Susie se recuperaba, Kirsty, su hermana gemela, se había enamorado del médico local. Kirsty y Jake tenían una casa, niños, un perro, gallinas… toda la catástrofe doméstica. Su hogar estaba allí, en Dolphin Bay, Australia.

– Angus debería haberte dejado este castillo a ti.

– No podía hacerlo.

– ¿Por qué no?

– Este castillo fue construido con el dinero que había heredado de su familia. Cuando el verdadero castillo en Escocia se quemó, Angus utilizó parte del dinero de la herencia para reconstruir aquí, en Australia, pero no podía dejárselo a alguien que no fuera un sucesor directo. Y un hombre. Si yo hubiera tenido un hijo sería diferente, pero ahora irá a parar a un sobrino que no conocemos, Hamish Douglas, un americano.

Había dicho «un americano» con tal tono de desagrado que Kirsty tuvo que reír.

– Lo dices como si los americanos fuesen bacterias. Te recuerdo que tú también lo eres, Susie Douglas.

– Ya no me siento americana -suspiró ella, mirando a su hija-. Además, tengo a mi pequeña australiana.

– Medio americana, medio escocesa y nacida en Australia. Pero es de aquí, desde luego.

– Por eso ya no estoy segura -volvió a suspirar Susie-. Rory me dejó dinero suficiente para comprar una casita y vivir feliz para siempre con mi niña. Pero tengo que trabajar y en Dolphin Bay no hay trabajo para una diseñadora de jardines.

– Pero estoy yo -dijo Kirsty.

– Ya sabes que eso es muy importante para mí. Pero necesito un trabajo. Rory murió hace casi dos años y… las heridas del accidente están casi completamente curadas…

– Gracias a Dios.

– Me gustaba mucho cuidar de Angus, pero este castillo sin él parece vacío. Lo único que puedo hacer es cuidar del jardín y cuando llegue el nuevo propietario…

– ¿Cuándo llega?

– No lo sé -contestó Susie-. Pero los abogados dicen que lo han encontrado. Si te dijeran que has heredado una fortuna, ¿no vendrías corriendo?



6 из 86