
Pero cuando llegó al nuevo país, los funcionarios de inmigración le arrebataron el cisne; y ella se quedó agitando los brazos y con una sola pluma del ave como recuerdo. Luego tuvo que rellenar tantos formularios que olvidó por qué había ido allí y lo que dejó atrás.
La mujer había envejecido y tenía una hija que creció hablando sólo inglés y tragando más Coca-Cola que penas. Desde hacía mucho tiempo la mujer quería darle a su hija la única pluma de cisne y decirle: «Ahora tal vez parezca que esta pluma no vale nada, pero viene de lejos y trae consigo todas mis buenas intenciones».
Y aguardó, un año tras otro, hasta el día en que pudiera decirle eso a su hija en un perfecto inglés norteamericano.
JING-MEI WOO
El Club de la Buena EstrellaMi padre me ha pedido que ocupe la cuarta esquina en el Club de la Buena Estrella, sustituyendo a mi madre, cuyo puesto ante la mesa de mah jong está vacío desde que falleció, hace un par de meses. Mi padre cree que la mataron sus propios pensamientos.
– Tenía una nueva idea en su cabeza -dijo mi padre-, pero antes de que pudiera expresado, el pensamiento se hizo demasiado grande y reventó. Debe de haber sido una idea muy mala.
Según el médico, la causa de su muerte fue un aneurisma cerebral, y sus amigas del club dijeron que había muerto como un conejo: rápidamente y dejando atrás asuntos sin concluir. Mi madre tendría que haber sido la anfitriona de la siguiente reunión del Club de la Buena Estrella.
