– Estaba… Quedó instantáneamente seducido por ella, una vez más. Al cabo de unas noches, llamó a Pam para decirle que volvería pronto a casa sin decírtelo para poder ocuparse de tu futuro antes de volver a verte.

– ¿Ocuparse de mi futuro? -mi voz sonó al graznido de un cuervo.

– Bill quería cerrar un acuerdo financiero para ti.

La conmoción me hizo palidecer.

– Dejarme una pensión -dije fríamente. Por muy buenas que fuesen sus intenciones, Bill no podría haberme ofendido más. Cuando estábamos juntos, nunca se le pasó por la cabeza preguntarme cómo iban mis asuntos económicos, aunque le faltó tiempo para ayudar a los Bellefleur, sus recién descubiertos descendientes.

Pero, a punto de salir de mi vida, sintiéndose culpable por dejar tirada a la pobre y lastimosa de Sookie, empezaba a preocuparse.

– Quería… -empezó Eric, pero luego se detuvo y miró con cuidado mi cara-. Bueno, será mejor que lo dejemos por el momento. No te habría contado nada de esto si Pam no hubiera interferido. Te habría dejado en tu ignorancia, porque no hay nada que me apetezca menos que entristecerte con palabras salidas de mi boca. Y no tendría que rogarte como te voy a rogar ahora.

Me obligué a escuchar. Me aferré a la mano de Eric como si fuese un salvavidas.

– Lo que voy a hacer, y tienes que comprenderlo, Sookie, mi piel también va en ello…

Lo miré directamente a la cara y él vio mi sorpresa.

– Sí, mi trabajo y puede que mi vida también, Sookie, no sólo la tuya y la de Bill. Mañana te enviaré un contacto. Vive en Shreveport, pero tiene otro apartamento en Jackson. Tiene amigos en la comunidad sobrenatural local, vampiros, cambiantes y licántropos. A través de él podrás conocer a algunos de ellos y a sus empleados humanos.

No era del todo dueña de mí misma en ese momento, pero sentía que comprendería todo esto cuando volviese sobre ello más adelante. Así que asentí. Sus dedos acariciaron los míos una y otra vez.



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