
Algunos países, como Francia, Italia y Alemania, rechazaron reconocer a los vampiros como ciudadanos iguales. Muchos otros, como Bosnia, Argentina y la mayoría de los países africanos, negaron cualquier estatus a los vampiros y los declararon como presas justas para cualquier cazador de fortunas. Pero Estados Unidos, Inglaterra, México, Canadá, Japón, Suiza y los países escandinavos adoptaron una actitud más tolerante.
Resultaba difícil determinar si eran las reacciones que los vampiros habían previsto o no. Dado que aún luchaban por poner un pie en la sociedad normal de los vivos, los vampiros todavía guardaban muchos secretos acerca de su organización y forma de gobierno, y lo que Bill me contaba ahora era lo más lejos a lo que yo había llegado en esa materia.
– Así que la reina de los vampiros de Luisiana te tiene trabajando en un proyecto secreto -dije, tratando de sonar neutral-. Y ésa es la razón por la que has estado pegado al ordenador cada una de tus horas de vigilia de las últimas semanas.
– Así es -admitió Bill. Cogió la botella de sangre y se la echó a la boca, pero tan sólo quedaban unas pocas gotas.
Atravesó el pasillo hacia la pequeña cocina (cuando remodeló la vieja casa familiar, prescindió de gran parte de la cocina al no necesitarla) y sacó otra botella de la nevera. Yo seguía lo que hacía por los sonidos que provocaba al abrir la botella y meterla en el microondas. El microondas dejó de sonar y él volvió a aparecer, agitando la botella con el pulgar haciendo de tapón para no manchar nada.
– Bueno, y ¿cuánto tiempo tienes que pasar con este proyecto? -pregunté, creo que de forma razonable.
