– El que sea necesario -contestó, bastante menos razonable. En realidad, Bill parecía francamente irritado.

Hmmm. ¿Se habría acabado nuestra luna de miel? Por supuesto, me refiero a una luna de miel figurada, dado que Bill es un vampiro y no podemos casarnos legalmente en prácticamente ninguna parte del mundo.

Tampoco es que me lo haya pedido nunca.

– Pues si tanto te absorbe tu proyecto, quizá sea mejor que me mantenga al margen hasta que se acabe -dije lentamente.

– Quizá sea lo mejor -convino Bill tras una notable pausa, y me sentí como si me hubiera pateado la boca del estómago. En un abrir y cerrar de ojos, estaba de pie y poniéndome el abrigo sobre mi uniforme de camarera invernal: unos pantalones negros con una camiseta blanca de cuello alto y mangas largas que llevaba el logotipo MERLOTTE'S BAR bordado en el pecho izquierdo. Le di la espalda a Bill para ocultar mi cara.

Trataba de reprimir las lágrimas, así que no me di la vuelta cuando sentí su mano sobre mi hombro.

– Tengo que decirte una cosa -dijo Bill con su voz fría y suave. Hice una pausa mientras me ponía los guantes, pero no creí que pudiera soportar mirarle. Que se lo dijera a mi nuca.

– Si algo me ocurriera -prosiguió (y aquí es donde yo debí haber empezado a preocuparme)-, tendrás que buscar en el escondite que construí en tu casa. Allí debería estar mi ordenador junto con algunos discos. No se lo digas a nadie. Si el ordenador no está en el escondite, ven a mi casa y búscalo aquí. Ven de día, y hazlo armada. Coge el ordenador y todos los discos que encuentres y escóndelos en mi rinconcito, como tú lo llamas.

Asentí. Se dio cuenta por el movimiento que hice de espaldas. No confiaba en mi propia voz.

– Si no vuelvo o no tienes noticias mías en, digamos…, ocho semanas…, sí, ocho semanas, entonces cuéntale a Eric todo lo que te he dicho hoy. Y quédate bajo su protección.

No dije nada. Estaba demasiado triste y furiosa, pero no tardaría mucho en calmarme. Di por entendidas sus palabras con un gesto de la cabeza. Sentí mi coleta agitarse contra mi cuello.



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