
– ¿De los Espiritistas? -A De Luca le volvió a la mente la tarjeta de visita hallada en la cartera de Rehinard, Sibilla. Albertini asintió, repasando el bloc:
– Así lo llaman, es un grupo de gente que se reúne en casa de Tedesco, un auténtico maniaco de todo lo místico y lo oculto. Hacen sesiones, cosas de esas… pero es importante porque asisten a menudo personas de fuera del clan de Tedesco, eso me ha dicho el tío ese, como la señora Alfieri.
– ¿Alfieri? -De Luca frunció la frente-, ¿la mujer del profesor? Es otro miembro del Gobierno…
– Pues sí -Albertini estaba tan absorto que esta vez se volvió hacia De Luca-, y pertenece a un bando opuesto al de Tedesco.
– Se dice tendencia, Albertini -repuso Pugliese.
– Como quiera… En fin, por lo demás no hay nada de Rehinard, ninguna disposición disciplinar; ninguna reclamación…
– ¿Y antes? ¿Antes del 15 de julio?
– Antes nada, no estaba en el PNF, no estaba en ningún sitio. Oficialmente la vida de Vittorio Rehinard nace hace cuatro meses.
De Luca suspiró, encogiéndose de hombros. Tomó el paquete de morfina de Pugliese y se lo metió en el bolsillo.
– No creo que todo esto nos ayude mucho -dijo, como para sí-, un traficante con la pinta de ser un palomo personal del conde… y además otro miembro del Gobierno como el profesor, amigo de Farinacci… Veo el Departamento de Pasaportes cada vez más cerca. ¿Del portero no se sabe nada?
