
– Siguen buscando el arma -dijo-, no hay manera de encontrarla. Hemos revuelto el piso de cabo a rabo y han salido varias cosas, una agenda llena de direcciones de peces gordos, fotografías de ese Rehinard a todas las edades… -Se notaba que iba a decir algo importante, una media sonrisa le palpitaba en la comisura de la boca.
– Venga, Albertini -dijo Pugliese-, ¿qué es lo que vas a decirnos?
Albertini sonrió del todo. Se metió una mano en el bolsillo y sacó un paquete de papel de periódico, abierto por un lado.
– Mire esto, inspector. Estaba debajo de la cama, atado a una pata, y lo he encontrado por casualidad, con todo el jaleo que arman los de la GNR… ¡En vez de ayudarnos…! Es morfina.
– ¡Coño! -dijo Pugliese, cogiendo el paquete y sopesándolo con la mano-, hay bastante… Mira, nuestro Rehinard, qué espabilao…
– Muy interesante -dijo De Luca, pensativo, apoyándose en el coche-, muy pero que muy interesante. Una cosa más que relaciona a Rehinard con Sonia Tedesco… ¿De dónde la habrá sacado?
– He mirado dentro -dijo Albertini, dirigiéndose siempre a Pugliese-, hay algunas bolsitas sin indicación, pero hay otras con los rótulos del ejército inglés, como los que lanzan en paracaídas.
– Qué raro -dijo Pugliese.
– Qué raro -repitió De Luca-, pero, de todas formas, alguien tiene que habérselo traído, no me imagino a un tío como Rehinard esperando un lanzamiento de los ingleses.
– Yo tampoco me lo imagino -dijo Albertini, mirando en medio de Pugliese y De Luca-. He ido al partido a informarme y, quién lo iba a decir, han sido amabilísimos. Había uno que tenía muchas ganas de hablar y me lo ha contado todo, aunque no me ha enseñado la ficha. -Sacó del bolsillo un bloc y hojeó una página-. Rehinard, Vittorio -dijo-, nacido en Trento el 22 de noviembre de 1920, pertenecía al Partido Fascista Republicano desde el 15 de julio de 1944, y entró gracias a un apoyo directo del conde Alberto Maria Tedesco.
