

Lucía Etxebarria
El contenido del silencio
Para Josep Rocafort
Fue ella quien se metió tan suave en mi cabeza
que yo no supe cuándo dejé de ser yo misma.
Fue ella quien me vertió su néctar en los ojos
para que en mi ceguera sólo hubiera una imagen.
Ella fue, despeinada y rebelde, la que torció mis pasos
hacia el camino único que marcaba su huella.
Su huella
que mientras avanzaba
iba borrando todo
el principio y el fin.
La visión,ODETTE ALONSO
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CORDELIA DESAPARECIDAEl cuarto de baño de Gabriel y Patricia era casi tan grande como el salón del apartamento de soltero en el que él había vivido durante años antes de que vivieran juntos. Disponía de una ducha y una enorme bañera con hidromasaje, dos lavamanos, dos espejos y dos enormes armarios, uno para ella y otro para él. En cada armario, los tarros y los frascos se alineaban con escrupuloso orden, casi obsesivo, centímetro a centímetro. Esa disposición maníaca que Patricia imponía hasta en el último rincón de la casa adquiría, a los ojos de Gabriel, algo de sospechoso, siniestro y absurdo. Le parecía inútil y triste ese empeño en poner equilibrio en lo doméstico, como si así se dominara el gran desorden que a la postre es la vida. En realidad, reflexionaba Gabriel esa mañana, como tantas otras, bien podrían haber tenido dos cuartos de baño individuales; si se paraba a pensar en ello, le parecía una estupidez tener uno solo. Se encontraba incómodo en momentos como ése, en el que él se afeitaba mientras ella se maquillaba; es decir, que se encontraba incómodo cada mañana, mientras los clos se acicalaban antes de partir hacia sus respectivos trabajos, él como investigador de mercados, ella como controladora financiera.
