Era un inspector. Lo supe porque no llevaba uniforme. Tenía muchos pelos en la nariz. Parecía que hubiese dos ratones muy pequeños ocultos en sus fosas nasales

– He hablado con tu padre y dice que no era tu intención pegarle al agente.

Yo no dije nada porque eso no era una pregunta.

– ¿Era tu intención pegarle al agente?

Dije:

– Sí.

Hizo una mueca y dijo:

– Pero no pretendías hacerle daño al agente, ¿no?

Pensé sobre eso y dije:

– No. No pretendía hacerle daño al agente. Sólo quería que dejara de tocarme.

Entonces me dijo:

– Sabes que no está bien pegarle a un policía, ¿verdad?

– Sí, lo sé -dije.

Se quedó callado unos segundos y luego preguntó:

– ¿Mataste tú al perro, Christopher?

Yo dije:

– Yo no maté al perro.

Y él dijo:

– ¿Sabes que no está bien mentirle a un policía y que puedes meterte en un buen lío si lo haces?

– Sí -dije.

– Bien -dijo él-, ¿sabes quién mató al perro?

– No -dije.

– ¿Estás diciendo la verdad? -preguntó.

– Sí -dije-. Yo siempre digo la verdad.

Y él dijo:

– De acuerdo. Voy a darte una amonestación.

– ¿Será una hoja escrita, como un certificado que me pueda llevar? -pregunté.

– No -dijo él-, una amonestación significa que vamos a tomar nota de lo que has hecho, que golpeaste a un policía pero fue un accidente y no pretendías hacerle daño al agente.

Yo dije:

– Pero no fue un accidente.

Y Padre dijo:

– Christopher, por favor.

El policía cerró la boca, respiró ruidosamente por la nariz y dijo:

– Si te metes en más líos, cuando saquemos tu expediente y veamos que ya se te ha dado una amonestación, nos tomaremos las cosas mucho más en serio. ¿Entiendes lo que te digo?

Dije que lo entendía.

Entonces dijo que podíamos irnos y se



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