– Voy a preguntarte una vez más…

Volví a rodar sobre la hierba y pegué la frente al suelo otra vez e hice ese ruido que Padre llama gemido. Hago ese ruido cuando llega demasiada información a mi cabeza desde el mundo exterior. Es como cuando estás alterado y sujetas la radio contra la oreja y la sintonizas entre emisoras y lo único que se oye es eso que llaman ruido blanco, y entonces subes el volumen al máximo y sabes que estás a salvo porque no puedes oír nada más.

El policía me agarró del brazo y me hizo ponerme en pie.

No me gustó que me tocara de esa forma.

Y entonces le pegué.

13

Éste no va a ser un libro gracioso. Yo no sé contar chistes ni hacer juegos de palabras porque no los entiendo. He aquí uno, a modo de ejemplo. Es uno de los de Padre.


El capitán dijo: «¡Arriba las velas!», y los de abajo se quedaron sin luz.


Sé por qué se supone que es gracioso. Lo pregunté. Es porque la palabra velas tiene dos significados, que son: 1) pieza de tela que tienen los barcos, y 2) cilindro de cera que se emplea para alumbrar.

Si trato de decir esta frase haciendo que la palabra signifique dos cosas distintas a la vez, es como si escuchara dos piezas distintas de música al mismo tiempo, lo cual es incómodo y confuso, no agradable como el ruido blanco. Es como si dos personas te hablaran a la vez sobre cosas distintas.

Y por eso en este libro no hay chistes ni juegos de palabras.

17

El policía me miró durante un rato sin hablar. Luego dijo:

– Voy a arrestarte por agredir a un agente de policía.

Eso me hizo sentir muchísimo más tranquilo porque es lo que los policías dicen en la televisión y en las películas.

Entonces dijo:

– Te recomiendo que te metas en el asiento de atrás del coche patrulla, porque si tratas de hacer alguna travesura más, capullín, me voy a cabrear de verdad. ¿Entendido?



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