
Fui hasta el coche patrulla que estaba aparcado justo al otro lado de la verja. El policía abrió la puerta de atrás y me metí dentro. Se sentó al volante e hizo una llamada por radio a la mujer policía que aún estaba dentro de la casa. Dijo:
– El cabroncete acaba de darme un coscorrón, Kate. ¿Puedes quedarte un rato con la señora mientras lo dejo en comisaría? Haré que Tony se descuelgue por aquí y te recoja.
Y ella dijo:
– Claro. Luego te alcanzo.
El policía dijo:
– Vale pues.
Y nos fuimos.
El coche patrulla olía a plástico caliente y loción para después del afeitado y patatas fritas.
Miré el cielo mientras íbamos hacia el centro de la ciudad. Era una noche clara y se veía la Vía Láctea.
Hay gente que cree que la Vía Láctea es una larga línea de estrellas, pero no lo es. Nuestra galaxia es un disco gigantesco de estrellas de millones de años luz de diámetro y el Sistema Solar está cerca del borde exterior del disco.

Cuando miramos en dirección A, a 90o hacia el disco, no vemos muchas estrellas. Pero al mirar en la dirección B vemos muchas más estrellas porque miramos hacia la masa central de la galaxia. Y como la galaxia es un disco, lo que vemos es una franja de estrellas.
Entonces pensé en que durante mucho tiempo a los científicos les había desconcertado que el cielo sea oscuro por las noches pese a haber billones de estrellas en el universo, pues hay estrellas en todas las direcciones en que uno mire, así que el cielo debería estar lleno de luz estelar porque no hay casi nada que impida que la luz llegue a la Tierra.
Entonces descubrieron que el universo está en expansión, que las estrellas se alejan rápidamente unas de otras desde el Big Bang y que cuanto más lejos están las estrellas de nosotros más rápido se mueven, algunas de ellas casi a la velocidad de la luz, y eso explica por qué su luz nunca nos llega.
