– Pero lo superará, ¿verdad?

– A menos que dé un giro inesperado y empeore, creo que sí. Siempre queda una duda cuando se trata de lesiones en la cabeza, pero está estable.

Slade frunció el ceño.

– Sigue en coma.

– Sí. Tienen que entender que yo soy la doctora de urgencias y que otros médicos se han hecho cargo del cuidado de su hermana. Cada uno de ellos se pondrá en contacto con ustedes.

– ¿Cuándo? -preguntó Slade.

– En cuanto puedan.

Logró mostrar una sonrisa tranquilizadora.

– Mi turno acaba pronto. Los otros médicos de Randi también querrán hablar con ustedes. He salido antes porque sabía que estarían nerviosos e impacientes por saber algo -«y, maldita sea, porque tengo una conexión personal con vuestra familia».

– Nerviosismo es poco -dijo Matt y miró al reloj-. ¿No debería estar Thorne a punto de llegar ya? -le preguntó a su hermano.

– Ha dicho que estaba de camino -la mirada de Slade volvió a Nicole-. Es nuestro hermano mayor. Querrá un informe completo.

– No lo dudo -dijo ella y los ojos de Matt se estrecharon-. Lo conocí. Hace años.

Casi podía ver las ruedas girar dentro de las mentes de los hermanos McCafferty, pero la situación en la que se encontraba su hermana era demasiado inminente, demasiado nefasta como para ignorarla.

– Pero Randi se pondrá bien -dijo Matt lentamente, con la duda ensombreciéndole los ojos.

– Tenemos esperanzas. Como he dicho, está estable, pero siempre queda una duda cuando se trata de lesiones en la cabeza -deseó poder infundirles más confianza, disipar sus preocupaciones, pero no podía-. Lo cierto es que durante un tiempo la situación será crítica, pero estará vigilada constantemente.

– ¡Dios! -exclamó Slade con un susurro y las palabras parecieron más una plegaria que una maldición.

– Yo… apreciamos todo lo que usted y el resto de médicos han hecho -Matt le lanzó a su hermano una mirada para hacerlo callar-. Quiero que sepa que queremos que tenga todo lo que necesite, especialistas, equipo, lo que sea.



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