– Entonces hay que sacarlo.

– Estaré listo en un minuto -dijo el doctor Brummel desde detrás de su mascarilla mientras ajustaba el tubo respiratorio. Satisfecho, alzó la vista hacia Nicole-. Vamos.

– Tenemos un neonatólogo de guardia.

– Bien -Nicole comprobó las constantes de Randi una última vez-. La paciente se encuentra estable -miró al equipo y después a la doctora Oliverio. Ahora Randi McCafferty tendría que luchar una batalla por su vida. Al igual que el bebé-. Muy bien, doctores, los pacientes son todos suyos.


Thorne conducía como un loco. Slade lo había llamado unas tres horas antes para comunicarle que Randi había tenido un accidente de coche en Glacier Park, allí en Montana.

Cuando recibió la llamada, se encontraba en Denver, en una reunión de negocios en las oficinas de McCafferty Internacional y se había marchado repentinamente. Le dijo a su secretaria que se ocupara de todo y que reorganizara su agenda, después había agarrado una bolsa con ropa que siempre tenía guardada en un armario y había conducido hasta el aeródromo. En una hora ya estaba en el aire, volando en el jet de la compañía directamente hasta una pista de aterrizaje privada que tenían en el rancho. No se había molestado en ir a ver si estaban sus hermanos, sino que directamente había tomado las llaves de una camioneta que tenía preparada, había metido dentro la bolsa y se había puesto en marcha hacia el hospital St. James, donde Randi estaba luchando por su vida.

Pisó el acelerador, dobló una esquina demasiado deprisa y oyó los neumáticos chirriar a modo de protesta. No sabía lo que estaba pasando; la llamada de su hermano Slade se había cortado y más tarde el teléfono había aparecido como desconectado, ya que allí la cobertura no era de las mejores. Pero sí que entendió que la vida de Randi corría peligro y que el nombre de la doctora que la había atendido era Stevenson. Aparte de eso, no sabía nada más.



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