
– Voy a escribir un diario.
– ¿Ahora? Bueno, supongo que es un esfuerzo encomiable. -Le tendió el cuaderno.
Miranda sonrió radiante ante el elogio de su padre.
– Gracias. Te dejaré saber cuando se me acabe el espacio y necesite otro.
– De acuerdo, entonces. Buenas noches, querida. -Volvió a sus papeles.
Miranda abrazó el cuaderno contra el pecho y corrió escaleras arriba hacia su habitación. Sacó un bote de tinta y una pluma y abrió el libro por la primera página. Escribió la fecha, y después de mucho pensarlo, escribo una única frase. Parecía ser todo lo necesario.
2 de Marzo de 1810
Hoy me he enamorado.
CAPÍTULO 1
Nigel Bevelstoke, más conocido como Turner por todo aquel que se preocupaba por intentar congraciarse con él, sabía muchas cosas.
Sabía leer latín y griego, y sabía cómo seducir a una mujer en francés e italiano.
Sabía dispararle a un objetivo en movimiento desde lo alto de un caballo en marcha, y sabía exactamente cuánto podía beber antes de abandonar su dignidad.
Podía lanzar un puñetazo o defenderse como un experto, y podía hacer ambos mientras recitaba a Shakespeare o a Donne.
Resumiendo, sabía todo lo que un caballero tenía que saber, y, según se decía, sobresalía en todas las áreas.
La gente lo miraba.
La gente alzaba la vista para observarlo.
Pero nada -ni un segundo de su prominente y privilegiada vida- lo había preparado para aquel momento. Y nunca había sentido tanto el peso de una mirada como ahora, mientras daba un paso adelante y tiraba un trozo de tierra sobre el ataúd de su esposa.
Lo siento tanto, seguía diciendo la gente. Lo siento mucho. Lo sentimos mucho.
