– ¡Te veré el lunes! -gritó Olivia-. Y no te preocupes por lo que dijo Fiona. Sólo es una estúpida.

– ¡Olivia!

– Bueno, es que lo es, mamá. No quiero que vuelva.

Miranda sonrió mientras permitía al hermano de Olivia guiarla hacia el vestíbulo, las voces de Olivia y Lady Rudland se fueron apagando lentamente.

– Muchas gracias por llevarme a casa, Nigel -dijo suavemente.

Él volvió a hacer una mueca.

– Lo… lo siento -dijo rápidamente-. Debí haberte llamado milord, ¿verdad? Es sólo que Olivia y Winston siempre se refieren a ti por tu nombre y yo… -bajó sus ojos tristes hacia el suelo. Sólo llevaba dos minutos en su espléndida compañía, y ya había metido la pata.

Él se detuvo y se agachó para que ella pudiese verle la cara.

– No te preocupes por lo de “milord”, Miranda. Te diré un secreto.

Los ojos de Miranda se agrandaron, y olvidó respirar.

– Desprecio mi nombre de pila.

– Eso no es tan secreto, Nig… Quiero decir, milord, digo, como sea que desees ser llamado. Haces muecas cada vez que tu madre lo dice.

Él le sonrió. Algo le había dado un tirón en el corazón cuando había visto a aquella pequeña con expresión demasiado seria jugando con su indomable hermana. Era una pequeña criatura de aspecto gracioso, pero había algo verdaderamente adorable en sus grandes y conmovedores ojos castaños.

– ¿Cómo te llaman? -preguntó Miranda.

Él sonrió ante su modo directo.

– Turner.

Por un momento, creyó que ella quizás no contestara. Simplemente se quedó allí, totalmente quieta a excepción del parpadeo de sus ojos. Y entonces, como si hubiese llegado por fin a una conclusión, dijo:

– Es un nombre agradable. Un poco raro, pero me gusta.

– Es mucho mejor que Nigel, ¿no crees?

Miranda asintió.

– ¿Lo elegiste tú? Siempre he creído que la gente debería elegir sus propios nombres. Creo que muchos elegirían alguno diferente al que tienen.



8 из 286