
Ella se consideraba la chica más afortunada del mundo.
Pero la fiebre que golpeó la casa Eversleigh fue cruel y cuando llegó ella quedó huérfana. A los diecisiete años no podía continuar viviendo sola en la casa, y en realidad nadie sabía qué sería de ella mientras no se aclararan los asuntos de su padre y se leyera el testamento.
Rió amargamente mientras se quitaba el arrugado vestido, preparándose para acostarse. Las disposiciones de su padre sólo empeoraron las cosas. Estaban endeudados, no terriblemente, pero lo bastante para convertirla a ella en una carga. Al parecer, sus padres siempre habían vivido ligeramente por encima de sus recursos, tal vez con la esperanza de que su amor y felicidad les serviría para superarlo todo.
Y eso ocurría, de verdad. El amor y la felicidad los había ayudado a superar todos los obstáculos con que se encontraron los Eversleigh.
A excepción de la muerte.
Sillsby, el único hogar que había conocido, era una propiedad vinculada. Ella sabía eso, pero no sabía con qué impaciencia su primo Miles se iría a vivir ahí; tampoco sabía que él continuaba soltero. Ni que cuando la aplastó contra una pared y le enterró los labios en los suyos debía permitírselo, agradecer en realidad a ese dandi su gentil y benévolo interés por ella.
Lo que hizo fue enterrarle el codo en las costillas y la rodilla en…
Bueno, después de eso él no le tenía mucho afecto. Esa era la única parte de todo el desastre que todavía la hacía sonreír.
Furioso por el rechazo, Miles la puso de patitas en la calle. Se quedó sin nada. Sin casa, sin dinero y sin parientes (a él no lo contaba como pariente).
Ahí entró la viuda.
La noticia de su apurada situación debió viajar rápido por el distrito. La viuda se apareció como una diosa de hielo y se la llevó. Claro que ella no se hacía ninguna ilusión de que la fueran a tratar como a una mimada huésped. La viuda se presentó con toda una comitiva, miró fijamente a Miles hasta hacerlo bajar los ojos y moverse inquieto (y, francamente, ese fue el momento que más disfrutó ella) y luego le anunció a ella:
