– Parece la Fea Durmiente -comentó Edgar.

Cuando Sakai subió la cremallera, Bosch observó que había pillado algunos de los rizos canosos de Meadows. A éste no le habría importado; una vez le había contado a Bosch que él estaba destinado a acabar en una bolsa como aquélla. Según él, todos lo estaban.

Edgar sostenía una libretita en una mano y una estilográfica de oro en la otra.

– William Joseph Meadows, nacido el 21 de julio de 1950. ¿Crees que se trata de él, Harry?

– Sí.

– Pues tenías razón; tiene antecedentes, aunque no son sólo por drogadicción. También hay atraco a un banco, intento de robo, posesión de heroína. Hace más o menos un año lo arrestaron por vagabundear por aquí mismo. Y hay un par de peleas entre yonquis, entre ellas la que has mencionado de Van Nuys. ¿Qué era para ti?, ¿un confidente?

– No. ¿Has encontrado su dirección? -Vive en el valle de San Fernando en Sepúlveda, cerca de la fábrica de cerveza. Es un barrio difícil para vender una casa. -Edgar hizo una pausa-. Si no era un chivato, ¿de qué lo conocías?

– No lo conocía, al menos en los últimos años. Fue en otra vida.

– ¿Y eso qué significa? ¿Cuándo lo conociste? -La última vez que vi a Billy Meadows fue hace unos veinte años. Él era… Fue en Saigón.

– Sí, fue en Vietnam hace ya veinte años. -Edgar se acercó a las fotos y examinó las tres instantáneas de Billy-. ¿Lo conocías mucho?

– No…, bueno, tanto como era posible llegar a conocer a alguien en aquel lugar. Aunque aprendes a confiar tu vida a otras personas, cuando todo se acaba te das cuenta de que a la mayoría apenas los conoces. Ni siquiera lo volví a ver cuando regresamos. Hablé con él por teléfono el año pasado; eso es todo.

– ¿Y cómo lo has reconocido?



21 из 413