
Billy, mejor dicho, William. Fecha de nacimiento: alrededor de 1950. También necesitamos su dirección. Prueba con el Registro de Vehículos.
– ¿Es ése el fiambre?
Bosch asintió.
– ¿No ponía el domicilio en la documentación?
– No llevaba documentación. Lo he identificado yo, así que compruébalo en el ordenador. Tiene que haber alguna referencia a los últimos años; al menos como toxicómano, en la División Van Nuys.
Edgar se dirigió lentamente hacia la fila de coches negros y blancos en busca de uno con una pantalla en el salpicadero. Como era un hombre corpulento, parecía que caminase despacio, pero Bosch sabía por experiencia lo que costaba seguirle el paso. Ese día iba impecablemente vestido con un traje marrón con finas rayas blancas. Llevaba el pelo muy corto y tenía la piel tan suave y negra como la de una berenjena. Mientras se alejaba, Bosch no pudo evitar preguntarse si habría llegado tarde a propósito para no tener que ponerse el mono y entrar en la tubería, lo que habría arruinado su estupendo conjunto.
Bosch fue a buscar una cámara Polaroid al maletero de su coche y regresó al lugar donde estaba el cuerpo. Se colocó con una pierna a cada lado del cadáver y empezó a hacerle fotos de la cara. Decidió que tres serían suficientes y las fue dejando una a una sobre la tubería. Al observar los estragos causados por el tiempo en aquel rostro, Bosch pensó en la sonrisa ebria que mostraba la noche en que todas las ratas del Primero de Infantería salieron de la tienda de tatuajes de Saigón. Habían tardado cuatro horas, pero los que formaban aquel grupo de soldados agotados se convirtieron en hermanos de sangre gracias al dibujo que todos se habían tatuado en el hombro. Bosch recordó a Meadows participando del espíritu de compañerismo y también del miedo que los embargaba a todos.
Harry se alejó del cuerpo mientras Sakai y Osito acercaban una pesada bolsa de plástico negro con una cremallera en el centro. Una vez desdoblada y abierta, los hombres del forense levantaron a Meadows y lo depositaron sobre ella.
