
– ¿Famoso? ¿Famoso por qué?
– En Trall no nos gusta chismorrear sobre nuestros vecinos -Billy frunció el ceño-. Aunque quizá esto no sea chismorrear. Hace unos cuantos años, fue elegido el soltero más codiciado de Irlanda. Publicaron una fotografía suya en una revista.
– Interesante -comentó Claire.
– Su bisabuelo montó la posada. En aquella época era una mansión en la que venían a veranear británicos de dinero. Will dejó la isla para ir a estudiar a la universidad y pensamos que no lo volveríamos a ver. Pero hace tres años, regresó a Trall. Sus padres, Mick y Maeve Donovan, querían estar cerca de su hija y de sus nietos, así que se mudaron a Dublín. Y a Will parece gustarle la vida en la isla.
– A lo mejor debería haber llamado para reservar habitación.
– Hace tres días que no traigo turistas a la isla -dijo el capitán-, así que no creo que tenga ningún problema. Aunque a finales de semana, vendrá más gente para la celebración de Samhain.
– Para entonces va me habré ido -contestó Claire-. Sólo pretendo quedarme un par de noches como mucho.
– Si no encuentra a Will en la posada, hay una llave en un macetero, al lado de la puerta.
– Si todo el mundo sabe dónde está esa llave, ¿por qué cierra con llave?
– Por culpa de Dickie O'Malley. Se ha comprado una granja en el sur del pueblo y no tiene agua caliente. Así que se dedica a ir buscando lugares en los que pueda darse un baño caliente y lo deja lodo hecho un desastre. Además, antes de marcharse, procura beberse hasta la última gola de whisky que encuentra. Supongo que podría decirse que ésa es su tarjeta de visita. Y esto tampoco es un cotilleo, muchacha, sólo es un hecho.
Hicieron el resto del viaje en silencio. Claire sentada en la popa del barco, intentando distinguir detalles de la isla a medida que se acercaban. De pronto, sus razones para ir a Trall le parecían ridículas. Se había desplazado hasta allí con el fin de encontrar el manantial que le devolviera el amor de su novio.
