

Jerónimo Tristante
El Enigma De La Calle Calabria
El. DETECTIVE VÍCTOR ROS EN BARCELONA
Tuve dos maestros que me enseñaron a ser persona: Daniel Avellaneda y Manuel Caballero. A ellos está dedicada esta novela. Valga como pequeño anticipo de la deuda que tengo con ellos y que nunca podré saldar.
Prólogo
Junio del año 1881
El pasajero abrió los ojos y comprobó que el tren se había detenido. Debía de haberse quedado dormido, pues su mirada, aún abotargada por el sueño, vagó perdida por el andén hasta que reparó en un inmenso cartel escrito en mayúsculas que decía: ZARAGOZA.
Medio en sueños y con la cabeza todavía apoyada en el cristal de la ventanilla, pudo observar el trasiego de mozos de equipaje, viajeros y personal de la estación que se afanaban por subir o bajar del tren a toda prisa, pues éste debía continuar su camino hacia Barcelona. Al fondo, una portezuela batiente dejó ver a una joven vestida de verde y tocada con un elegante sombrero negro que daba un beso a su novio a modo de despedida. Dos damas muy peripuestas, que en aquel momento pasaban junto a la joven pareja, gesticularon escandalizadas por el efusivo comportamiento de los novios. «¡Qué juventud!», parecían decir por sus aspavientos. Las dos señoras iban seguidas de cerca por un mozo de cuerda que ya no cumpliría los sesenta y que, cargado como un mulo, acarreaba varias maletas con dificultad. El pobre hombre estuvo a punto de caer al chocar con una gitana que vendía flores a los recién llegados deparando bendiciones o soltando lindezas y maldiciones a los viajeros de turno.
– ¡La buenaventura! -proclamaba a voz en grito, anunciando cine dominaba las artes adivinatorias.
El misterioso pasajero cerró los ojos grabando en su mente el colorista ambiente que impregnaba el andén y sintió, a momento, que el tren se ponía de nuevo en marcha. El suave vaivén amenazó con hacerlo caer de nuevo en un pesado sueño, pues la noche anterior no había pegado ojo. La perspectiva de aquel trabajo en Barcelona lo había activado como un resorte. Parecía un asunto de difícil explicación, aunque aún le faltaban muchos datos. Justo lo que necesitaba: un reto.
