
– Anímate. La suerte está llamando a tu puerta.
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Turner «Buzz» Meeks observó a los detectives privados que custodiaban Hughes Aircraft, apostó cuatro contra uno a que Howard contrataba a esos inútiles porque le gustaban los uniformes, y dos contra uno a que él mismo los diseñaba. Lo cual significaba que Mighty Man Agency era un «perro extraviado» de RKO Pictures/Hughes Aircraft/Tool Company, denominación del gran hombre para sus antojadizas operaciones de evasión de impuestos. Hughes poseía una fábrica de sujetadores en San Ysidro, donde todos los empleados eran inmigrantes mexicanos ilegales; una planta que manufacturaba trofeos galvanizados; cuatro bares estratégicamente situados, esenciales para mantener su rigurosa dieta de hamburguesas y perros calientes. Buzz se plantó en la puerta de la oficina, se fijó en las solapas de los bolsillos del agente de Mighty Man que estaba de pie junto al hangar, dedujo que el corte era idéntico al de una blusa que Howard había diseñado para destacar el busto de Jane Russell y calculó las probabilidades. Por trillonésima vez en la vida se preguntó por qué siempre hacía apuestas cuando estaba aburrido.
Ahora estaba mortalmente aburrido.
Eran poco más de las diez de una mañana de Año Nuevo. Buzz, en su condición de jefe de seguridad de Hughes Aircraft, había pasado toda la noche al mando de los agentes de Mighty Man Agency en lo que Howard Hughes llamaba «patrulla de perímetro». Los guardias regulares de la planta tenían la noche libre; espectros alcoholizados habían recorrido el terreno desde el anochecer, en una excursión que culminaba con el regalo de Año Nuevo del Gran Howard: un camión cargado de perros calientes y Coca-Cola que llegó justo cuando 1949 se convirtió en 1950, cortesía del local de hamburguesas de Culver City. Buzz había dejado sus cálculos de jugador para ver cómo comían los Mighty Men; apostó seis contra uno a que Howard perdería los estribos si les sorprendía una mancha de mostaza con chucrut en los uniformes con bordados.
