Anne Perry


El Grito Silencioso

Nº 8 Serie Monk

Para Simon, Nikki, Jonathan y Angus.


Capítulo 1

John Evan temblaba de frío mientras el viento de enero azotaba el callejón. P. C. Shotts sostenía en alto su linterna de ojo de buey para alumbrar los dos cuerpos. Formaban un amasijo de ropa y sangre sobre los gélidos adoquines del pavimento unos dos metros más allá.

– ¿Alguien sabe qué ha ocurrido? -preguntó Evan, castañeteando los dientes.

– No, señor -contestó Shotts, desanimado-. Una mujer los encontró y el viejo Briggs vino a avisarme.

Evan no salía de su asombro.

– ¿En este preciso lugar?

Echó un vistazo alrededor, a las paredes mugrientas, al arroyo y a las escasas ventanas ennegrecidas por la mugre. Las puertas que alcanzaba a ver eran estrechas, daban directamente a la calle y estaban manchadas por años de humedad y hollín. La única farola se encontraba a unos veinte metros de distancia, brillando apenas como una luna perdida. Le desagradaba sobremanera el movimiento que intuía justo fuera del cerco de luz, las figuras encorvadas aguardando al acecho, la miríada de pordioseros, ladrones y desdichados que vivían en los bajos fondos de St Giles, a tiro de piedra de Regent Street, en el corazón de Londres.

Shotts se encogió de hombros, bajando la vista hacia los cuerpos.

– Bueno, está claro que no estaban borrachos ni se estaban muriendo de hambre o frío. Con toda esta sangre, lo más seguro es que la mujer se asustase y gritara y, atemorizada ante la posibilidad de que la culparan, siguiera gritando hasta que llegó más gente. -Negó con la cabeza-. Por estos pagos saben bien cómo apañarse para cuidar unos de otros. Le diré incluso que, si hubiese tenido más temple y se hubiese parado a pensar, seguramente habría seguido su camino sin hacer nada.



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