Evan lo reconoció del callejón. Los rasgos eran los que había visto, la curva del párpado, el pelo casi negro, la nariz más bien larga, la boca delicada. Las magulladuras no ocultaban todos esos trazos, además le habían lavado las manchas de sangre. Evan supo que deseaba que sobreviviera; su cuerpo entero estaba en tensión, como si la fuerza de sus sentimientos pudiera contribuir a su curación, y, sin embargo, al mismo tiempo le aterraba el dolor que le esperaba cuando despertara, con el cuerpo destrozado, y recobrara la memoria.

¿Quién era R. Duff? ¿Estaba emparentado con el hombre mayor? ¿Qué había ocurrido en el callejón? ¿Por qué estaban allí? ¿Qué era lo que les había llevado a semejante lugar en una noche de enero?

– Deme los pantalones -susurró Evan, invadido de nuevo por el horror y la repulsa-. Se los llevaré al sastre.

– Más vale que se lleve el abrigo -contestó Riley-. Tiene la etiqueta y mucha menos sangre.

– ¿Menos sangre? ¡El abrigo del otro hombre estaba empapado!

– Ya lo sé. -Riley se encogió de hombros-. En su caso son los pantalones. Quizá terminaron todos en una especie de melé. Sea como fuere, si quiere que ese sastre le sirva de algo, llévese la chaqueta. No es preciso que lo asuste más de lo necesario.

Evan cogió la chaqueta tras examinar ambas prendas. Igual que las del hombre muerto, presentaban varios desgarrones, estaban asquerosas debido al barro y a las aguas residuales del callejón, con manchas de sangre en las mangas, en los faldones del abrigo, y con los pantalones empapados.

Evan salió del hospital horrorizado, con la mente, el alma y el cuerpo exhaustos, y con tanto frío que no conseguía dejar de temblar. Tomó un coche de caballos para ir a su casa. No iba a subirse a un ómnibus con aquella espantosa chaqueta y no albergaba el menor deseo de sentarse con otra gente, personas decentes, al final de un día de trabajo, que no tenían la más remota idea de lo que él había visto y sentido, ni nada sabían sobre el muchacho que yacía invisible en St Thomas y que tanto podía volver a despertar como no.



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