Conocía a docenas de muchachos, y también a hombres no tan jóvenes, que habrían contraído matrimonio encantados pero no podían permitírselo. Mantener una residencia adecuada para una esposa costaba más de tres o cuatro veces la cantidad precisa para llevar vida de soltero. Y a eso había que sumar los gastos casi inevitables de los hijos. Rhys Duff era un hombre inusualmente afortunado. ¿Por qué no se mostraba más agradecido?

Como respondiendo a sus pensamientos, la señora Duff le habló en voz baja.

– Quizás era… demasiado joven. Lo habría hecho de buena gana si… si no hubiese sido la voluntad de su padre. Los jóvenes son a veces tan… tan testarudos… incluso contra su propio interés.

Daba la impresión de dominar a duras penas la aflicción que anidaba en sus entrañas. Evan detestaba tener que imponerle más preguntas, pero también sabía que aquél era el mejor momento para que le contara la verdad sin tapujos. Al día siguiente se mostraría más cautelosa y le ocultaría cualquier cosa que pudiera desvelar intimidades o perjudicar a los suyos.

Evan se esforzaba por decir algo que le sirviera de consuelo, pero no encontraba nada adecuado. Recordaba con suma claridad el rostro pálido y magullado del muchacho, primero tendido en el callejón, abatido y ensangrentado, y luego en St Thomas, guardando en la mirada un horror literalmente indecible. Volvió a ver su boca abierta, esforzándose, sin conseguir pronunciar siquiera una palabra. ¿Qué podía decir nadie para consolar a su madre?

Tomó la resolución de que por más tiempo que le llevara, por más duro que fuese, averiguaría lo que había ocurrido en aquel callejón y haría pagar al responsable.

Reanudó el interrogatorio.

– ¿No dijo nada sobre dónde tenía intención de ir? ¿Solía frecuentar algún sitio?

– Se marchó un tanto… acalorado -contestó la señora Duff. Parecía haber recobrado el dominio de sí misma-. Creo que su padre estaba más o menos al corriente de los sitios que frecuentaba. Quizá sea una de esas cosas de hombres. Hay… sitios. Aunque es sólo una impresión. No puedo ayudarle, sargento.



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