
– Entonces debo agradecérselo. ¿Dónde ocurrió exactamente? -le preguntó, y ella le describió el lugar-. No sabía que tuviera arrendatarios por ahí.
– No es un arrendatario, esa pequeña porción de tierra es suya. Dice que has intentado comprársela, pero que no la va a vender.
– ¿Montese? -murmuró-. Montese, ¿es él? Mi agente Carletti me habló de uno que estaba causando problemas.
– No está causando problemas, papá, sólo quiere mantener su hogar.
– Tonterías. No sabe lo que es mejor para él. Carletti me dijo que no es más que una casucha miserable e insalubre.
– Ya no. Ha hecho un trabajo fantástico de reforma.
– ¿Has estado allí?
– Me llevó después de salvarme y me hizo un té. Era muy bonita y acogedora. Ha trabajado mucho.
– Pues está perdiendo el tiempo. Al final la conseguiré.
– No lo creo. Está decidido a no vender.
– Pues yo estoy decidido a que lo haga, y soy mucho más fuerte que cualquier jovencito campesino.
– ¡Papá! Hace un momento querías darle las gracias y ahora pretendes intimidarlo.
– Qué tontería -dijo él con su risa fácil-. Simplemente voy a mostrarle lo que le interesa.
Visitó a Luca aquel mismo día, lleno de cordialidad, para agradecerle haber protegido a Becky al tiempo que se las ingeniaba para «asesorarlo» en un modo que avergonzó a ésta. La respuesta de Luca fue de una tranquila dignidad. Entonces Frank miró a su alrededor.
– Carletti me ha contado que rechazas bastante más de lo que vale este lugar.
– Entonces su ayudante le ha informado mal -respondió Luca tranquilamente-. Este lugar lo es todo para mí, y no lo voy a vender.
– De acuerdo. Mira, este es el trato. Como has ayudado a mi hija doblo mi última oferta.
– Signor Solway, mi casa no está en venta.
– ¿A qué tanto drama por un tugurio como este? Si no es ni media hectárea.
– Entonces, ¿por qué le preocupa tanto?
