
– ¿Y por qué iba a hacer eso? -le preguntó con mirada irónica.
– ¿No lo adivinas? -rió ella-. Quiere que te suavice para su próxima oferta.
– ¿Y lo vas a hacer?
– Claro que no, pero me ha dicho que te meta en cintura, y mientras piense que lo estoy haciendo no montará un escándalo por que venga aquí. ¿A que soy lista?
– Eres una bruja taimada.
– Sólo pongo en práctica la teoría de mi padre, que dice que cuando crees que alguien está haciendo algo por ti en realidad se está haciendo su propia agenda. Y tú eres mi agenda, así que ven aquí y deja que te encamine.
Le tomó la mano y él fue con ella sin resistirse, pues ni entonces ni después iba a poder negarle nada, y aquello iba a ser la ruina para ambos.
– ¡Maldito seas, Luca, me has engañado!
– ¡Tonterías!, te has metido en esto sin asegurarte.
– Pensé que podía confiar en ti.
– Pues más tonto fuiste. Te advertí de que no te fiaras de mí, y Dios sabe cuántos de mis enemigos te avisaron.
El hombre al otro lado del escritorio estaba furioso de pensar en el dinero que había codiciado y perdido. Era el último de una larga lista que creyeron que podrían engañar a Luca Montese y se habían dado cuenta de que no podían.
– Se suponía que estábamos juntos en esto -le soltó.
– No. Tú creíste que podrías utilizarme. Yo te conseguía la información y luego tú ibas a cerrar el trato a mis espaldas. Deberías haber sospechado más. Cuando crees que alguien está haciendo algo por ti en realidad se está haciendo su propia agenda.
Entonces ocurrió algo extraño. Al tiempo que pronunciaba las palabras, sintió un malestar que lo obligó a tomar aire. Era como si el mundo hubiera cambiado de repente de una situación en la que tenía todo bajo control a otra donde todo era extraño y amenazador.
– ¡Sal! Te enviaré un cheque por tus gastos.
El hombre se fue deprisa, aliviado por recuperar sus gastos, lo cual era más de lo que cualquiera hubiera sacado de Luca Montese, y se preguntó si el monstruo estaría perdiendo su toque.
