
Rebecca estaba recuperando las energías. Ya se le había pasado el impacto de verlo sin aviso previo, y ahora lo examinaba mientras él hablaba con alguien. Pensó que no lo habría reconocido. La altura y anchura de hombros eran las mismas, pero el pelo, que siempre había llevado enmarañado, tentándola a enredar los dedos en él, ahora lo llevaba muy bien cortado y hacia atrás, mostrando las facciones de su cara. La nariz prominente y aguileña también era igual, pero el resto era extraño.
– Un diamante en bruto -le murmuró al oído Philip Steyne-. Pero muy rico. Pensar que viene de ninguna parte, que empezó con nada.
– Nadie empieza de verdad sin nada -señaló Danvers-. De algún modo ha metido las manos en una suma de dinero importante para empezar. Sólo podemos especular sobre lo que tuvo que hacer para lograrla.
– A lo mejor te lo cuenta -dijo Rebecca de repente-. Es lo que hacen los «hombres hechos a sí mismos», ¿no?
– A lo mejor es preferible que no lo sepamos -comentó Danvers tras intercambiar una sonrisa con Philip-. Tiene pinta de ser un tipo peligroso.
Rebecca no dijo más, pues sabía lo que había hecho para conseguirlo. La última vez que lo vio no tenía un céntimo, y ahora era tan rico y poderoso que uno de los mayores bancos mercantiles del país se ponía a sus pies. Sólo aquello revelaba parte de la historia. Ella se había mezclado el tiempo suficiente con financieros como para saber qué clase de personas prosperaban en aquella atmósfera, y el éxito de Luca le decía que se había convertido en todo aquello que siempre había despreciado.
Lo que no le decía su prosperidad se lo decía su rostro. El candor abierto y generoso que lo habían hecho adorable ya no estaba. En su lugar había dureza, incluso crueldad, unos ojos que brillaban de sospecha donde una vez había brillado la alegría. Un tipo peligroso.
Su padre le había dicho: «Exigió dinero para irse y no molestarte más», pero incluso después de ver el cheque se había repetido que no podía ser cierto. Si hubiera vuelto, habría creído cualquier explicación, pero no volvió a saber de él y al final se cansó de gritar en la oscuridad. Al verlo en aquel momento comprendió que lo peor era cierto. Luca necesitaba dinero y había vendido el amor que compartían para conseguirlo.
