– Es el hermano mayor de Anna Lunn -le dijo la señora Robin antes de empezar con su letanía de dolores-. Es tres años mayor que Anna y se llama Jonas. ¿Verdad que es atractivo? Cuando entró con Anna, pensé que era su nuevo novio, lo que me pareció muy bien, ya que el inútil de Kevin se largó. Pero ya que no puede ser su novio, está bien que tenga un hermano tan amable como para acompañarla al médico, ¿no crees?

Era cierto. Anna Lunn, con apenas treinta años, estaba agobiada por la pobreza y los hijos. Pero ¿por qué…? Em miró la lista de citas y no pudo evitar suspicacias.

Anna había pedido una cita especial y había acudido con su hermano para que la apoyara. Em estaba segura de que no iba a ser una consulta de cinco minutos para una prueba ginecológica.

Así que tendría que resignarse a añadir media hora a su jornada laboral de ese día y a prestar atención a la tensión sanguínea de la señora Robin.

Antes de que terminara de hacerlo, Charlie Henderson sufrió un infarto. Estaba allí para su reconocimiento cardiológico de rutina y era tan viejo que parecía que estuviera apergaminado. Se había sentado en un rincón de la sala de espera y se entretenía mirando a los niños.

Mientras Em estaba escribiendo la receta para la señora Robin, él se quedó con los ojos en blanco, se acurrucó y resbaló hasta el suelo sin hacer ruido.

– ¡Em! -gritó la recepcionista mientras golpeaba la puerta de la consulta y, al instante, Em estaba junto a él.

El anciano estaba lívido y frío. Em comprobó que no tuviera obstruida la tráquea y le tomó el pulso. No tenía.

– Trae el carro del equipo de urgencias -ordenó a Amy. Comenzó a hacerle el boca a boca al anciano y le rasgó la camisa para descubrirle el pecho. Parecía que había sufrido un infarto fulminante.

Además, Amy no era la recepcionista habitual. Sólo tenía dieciocho años y, aunque no tenía preparación sanitaria, estaba sustituyendo a Lou, que estaba enferma.



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