
…Pronto serán ellos los que tengan el honor de encontrar un círculo delante de su puerta cuando vayan a trabajar por la mañana. Ya sea un cínico bromista o un auténtico chiflado, si le seduce la fama, el autor de los círculos azules está consiguiendo su objetivo. Es repugnante, para los que dedican toda una vida a hacerse famosos, comprobar que basta un trozo de tiza y unas cuantas rondas nocturnas para estar a un paso de convertirse en el personaje más popular de París del año 1990. No hay la menor duda de que la televisión le invitaría para que figurara en «Los fenómenos culturales del fin del segundo milenio», si consiguieran ponerle la mano encima. El problema es que se trata de un auténtico fantasma. Aún nadie le ha sorprendido trazando sus grandes círculos azules en el asfalto. No lo hace todas las noches y elige cualquier barrio de París. Estamos seguros de que numerosos noctámbulos le buscan por el simple placer de hacerlo. Feliz cacería.
Un artículo más agudo había aparecido en un periódico de provincias.
París se enfrenta a un maníaco inofensivo.
A todo el mundo le parece divertido, pero sin embargo el hecho es curioso. Desde hace más de cuatro meses, en las noches de París, alguien, parece ser que un hombre, traza un gran círculo con tiza azul, de unos dos metros de diámetro, alrededor de una serie de objetos encontrados en la acera. Las únicas «víctimas» de esta extraña obsesión son los objetos que el personaje encierra en sus círculos, siempre un ejemplar único. Los sesenta casos que ya ha proporcionado permiten elaborar una lista singular: doce chapas de botellas de cerveza, una caja de las que se usan para transportar verduras, cuatro trombones, dos zapatos, una revista, un bolso de piel, cuatro mecheros, un pañuelo, una pata de paloma, un cristal de gafas, cinco agendas, un hueso de costilla de cordero, un recambio de bolígrafo, un pendiente, una caca de perro, un trozo de faro de coche, una
