
Esas vastas ruinas desiertas.
La radio dijo:
—…hemos de considerar, sin embargo, y con orgullo, el énfasis que pusimos siempre en las necesidades físicas fundamentales de las gentes, de todas las posiciones, las aspiraciones subespirituales que…
Frink apagó la radio. Poco después, más tranquilo, la encendió de nuevo.
Cristo en el potro de tormento, pensó. África. Para los fantasmas de las tribus muertas. Barridas para levantar un país de… ¿qué? ¿Quién podía saberlo? Quizá ni siquiera los arquitectos de Berlín. Una tropa de autómatas que construía y se afanaba. ¿Construía? Pulverizaba. Ogros salidos de una exhibición paleontológica, dedicados a la tarea de tallar el cráneo de un enemigo transformándolo en recipiente, mientras toda la familia recoge aplicadamente las sobras —los sesos crudos primero —para preparar una comida. Luego, con los huesos de las piernas, herramientas útiles. Realmente económico, no sólo comerse a la gente que a uno no le gusta sino también servirla en los cráneos de la misma gente. ¡Los primeros técnicos! El hombre prehistórico vestido con una chaqueta esterilizada en el laboratorio de alguna universidad de Berlín, haciendo experimentos con los posibles usos que se pueda dar a los cráneos, la piel, las orejas, la grasa de los otros. Ja, Herr Doktor. Una nueva aplicación del dedo gordo, mire. La articulación puede adaptarse al mecanismo de un encendedor automático. Caramba, si Herr Krupp pudiera producirlos en serie…
Lo horrorizaba, este pensamiento: el antiguo caníbal pariente del hombre florecía ahora, gobernaba el mundo una vez más. Le esquivamos el cuerpo durante un millón de años, pensó Frink, y aquí está de nuevo. Y no sólo como adversario, sino también como amo.
…podemos deplorar —decía la radio, la voz de los hombrecitos de Tokio. Dios, pensó Frink, y los llamábamos monos a esos enanitos estevados tan poco aficionados a instalar hornos de gas como a fundir a sus mujeres en cera —… y hemos deplorado a menudo en el pasado la terrible pérdida de seres humanos en esta lucha fanática que pone a la mayoría de los hombres completamente fuera de la comunidad legal.
