
– Un psicópata en proceso. Un psicópata naciente. Un futuro psicópata…
– Eso ya lo veo, pero ¿de dónde salía su obsesión?
– Buena pregunta -respondió ella-. Y se merece una respuesta. Pero no sería inteligente pensar que Ashley, a pesar de sus muchas cualidades, estaba preparada para tratar con los problemas que presentaba Michael O'Connell.
– Cierto. Pero ¿en qué pensaba que se estaba metiendo?
– Teatro -respondió ella-. Pero no sabía qué clase de producción era.
3 Una joven de ignorancia común
A dos mesas de distancia de donde Ashley Freeman estaba sentada con tres amigos, media docena de miembros del equipo de béisbol de la Universidad Northeastern discutían acaloradamente sobre las virtudes de los Yankees y los Red Sox, enzarzados en una defensa vocinglera y a menudo mal hablada de cada equipo. A Ashley podría haberle molestado el ruido, pero tras haber pasado muchas horas en bares para estudiantes en sus cuatro años en Boston, era un debate que había oído numerosas veces. De vez en cuando terminaba con algún empujón o un breve intercambio de puñetazos, pero con frecuencia sólo acababa en un torrente de obscenidades. A menudo había suposiciones bastante imaginativas sobre las extrañas prácticas sexuales a que los jugadores de los Yankees o los Red Sox se dedicaban en sus horas libres. Los animales de corral solían destacar en estas actividades lúdicas.
Ante ella, sus tres amigos discutían apasionadamente por su cuenta. El tema era una exposición de los famosos bocetos de Goya «Los horrores de la guerra».
