
»Así por ejemplo, el ordenador central detectará un incendio consultando diversos sensores lineales, puntuales y volumétricos situados en el interior del edificio. Y si no es capaz de extinguirlo por sí solo, telefoneará a los bomberos para pedir ayuda humana.
Richardson apartó un momento los ojos de su texto cuando una ráfaga de viento trajo la voz de Cheng Peng Fei desde la calle:
– ¡La Yu Corporation apoya al gobierno fascista de China!
– Antes de venir aquí -prosiguió Richardson, sonriendo-, hablaba de este edificio con una señora. Me preguntó si este edificio era capaz de hacerlo todo. Y le respondí que no. -Extendió la mano hacia donde venía el rumor de los manifestantes-. Y miren ustedes por dónde, aquí tenemos algo que lo demuestra. Ahí abajo parece que hay una manifestación. Y lo cierto es que resulta imposible zanjar el asunto apretando un botón.
El auditorio de Richardson rió cortésmente.
– Da la casualidad de que la faceta más importante de la inteligencia de este edificio no puede demostrarse tan fácilmente. Porque lo que lo hace verdaderamente inteligente no es su capacidad de prever las necesidades habituales para gastar energía con la mayor parsimonia posible. Ni tampoco que los aislantes de los cimientos, controlados informáticamente, permitan que la estructura resista terremotos de hasta 8,5 de la escala de Richter.
»No, lo que lo convierte en el edificio más inteligente de Los Ángeles, y posiblemente de los Estados Unidos, señoras y caballeros, es su capacidad de ajustarse no sólo a la tecnología informática actual, sino también a la del futuro.
