– La historia de toda la arquitectura conocida hasta hoy es la historia del progreso técnico. Por ejemplo: la invención romana del cemento hizo posible la construcción de la cúpula del Panteón, la mayor del mundo hasta el siglo XIX. En la época de Joseph Paxton, las nuevas posibilidades estructurales del hierro y los avances realizados en la elaboración de placas de vidrio permitió la construcción del Palacio de Cristal de Londres, en 1851. Treinta años después, la invención por Siemens del ascensor eléctrico hizo posible la construcción de la primera estructura multipisos en el Chicago de fines de siglo. Exactamente un siglo después, la arquitectura aprovechaba las innovaciones realizadas en la industria aeronáutica: edificios que sacaban el mayor partido de los nuevos materiales para reducir los volúmenes, como el Banco de Hong Kong y Shanghai de Norman Foster.

«Señoras y caballeros, he de decirles que el actual panorama arquitectónico nos ofrece la mayor aventura posible: la arquitectura que utiliza la tecnología avanzada de la exploración espacial y la era informática. El edificio como una máquina donde la micro y la nanotecnología sustituyen a los sistemas de la industria mecánica. Un edificio que tiene más de robot que de refugio. Una estructura con su propio sistema nervioso electrónico, tan sensible como los músculos que se flexionan en el cuerpo de un atleta olímpico.

»Algunos de ustedes ya habrán oído hablar, sin duda, de los llamados edificios inteligentes. Ese concepto se maneja desde hace tiempo, pero no hay demasiado acuerdo acerca de lo que hace inteligente a un edificio. En mi opinión, el rasgo distintivo de un edificio inteligente verdaderamente integrado es que todos sus sistemas informáticos, tanto los relacionados con el funcionamiento del propio edificio como los relativos a la actividad de sus ocupantes, están fundidos en una sola red que utiliza un autobús de datos, un cable blindado que contiene dos conductores entrelazados. Como esos microbuses de circunvalación que recorren el centro de la ciudad. A través del autobús de datos, el ordenador central envía señales a diversos subsistemas electrónicos, de seguridad, de datos, de energía; en forma de órdenes digitales multiplexadas de alta frecuencia, a 24 voltios.



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