
– El Santo Padre no me reconocería -respondió enigmáticamente, y no dijo otra palabra sobre el tema, ni entonces ni en ninguna otra ocasión.
Jamás averigüé la verdad. Creo que, siendo como era un Duese de Cahors, seguramente estaba emparentado con el Papa, pero las dos ramas de la familia se habían enemistado y en consecuencia el padre Augustin no gozaba de la conocida generosidad del papa Juan respecto a los hombres de su familia. De lo contrario, habría llegado a cardenal, o cuando menos obispo.
Tras rehuir mi pregunta, el padre Augustin me hizo unas preguntas a mí. Tenía entendido que yo era un Peyre de Prouille; ¿me había criado cerca de la primera fundación de santo Domingo? ¿Me había inspirado su proximidad para ingresar en la orden de los dominicos? Se expresaba con tono reverente, y lamenté informarle de que los Peyre de Prouille se habían arruinado mucho antes de que santo Domingo llegara aquí. Ya en tiempos de santo Domingo, el fuerte había sido demolido y los derechos feudales de los Peyre habían pasado a una familia de ricos campesinos. Lo sé porque había leído una crónica sobre los primeros tiempos del monasterio, la cual, curiosamente, me tranquilizó con respecto a una cuestión que siempre me había preocupado, las exactas circunstancias del declive de mi familia. En esta región, la ruina suele ser consecuencia de unas creencias heréticas. Me tranquilizó averiguar que la casa solariega de mi familia no había sido confiscada por el Santo Oficio, ni por los ejércitos de Simón de Montfort, sino que mis antepasados la habían perdido por su debilidad de carácter o estupidez.
Expliqué al padre Augustin que me había criado en Carcasona, y que mi padre había sido notario público y cónsul allí. Si yo tenía parientes en Prouille, no sabía nada de ellos. Ni siquiera había visitado ese lugar.
El padre Augustin parecía decepcionado. Me preguntó, con tono más frío, sobre mi progreso en la orden, y me apresuré a describírselo: ordenado a los diecinueve años, tres años de filosofía en Carcasona, profesor de filosofía en Carcasona y Lazet, cinco años de teología en la Escuela General de Montpellier, nombrado predicador general, definidor en varios capítulos provinciales, maestro de estudiantes en Beziers, Lazet, Toulouse…
