
El padre Jacques calificaba a los herejes de «algas de pantano» y sus viviendas de «focos de infección». No era, como habría dicho san Agustín, uno de esos hombres que unen su corazón a los ángeles.
– Sé que el inquisidor general os ha remitido un informe completo sobre mi historial y formación -prosiguió el padre Augustin. Tenía una voz sorprendentemente firme y resonante-. ¿Deseáis hacerme algunas preguntas referentes a mi experiencia como inquisidor… mi vida en la orden…?
El informe del inquisidor general era en efecto exhaustivo, consignaba datos y fechas precisos sobre todos los cargos docentes que había desempeñado el padre Augustin, priorazgos y comisiones papales, desde Cahors hasta Bolonia. Pero un hombre es más que sus cargos. Pude haber formulado al padre
Augustin muchas preguntas sobre su salud, sus padres o sus autores favoritos; pude haberle preguntado su opinión sobre el papel de inquisidor, o la pobreza de Cristo.
En lugar de ello, le formulé la pregunta que sin duda os intriga a vos mismo, y que él debió de responder mil veces.
– Padre, ¿estáis emparentado con el Santo Padre, el papa Juan?
El padre Augustin esbozó una sonrisa cansina.
