
– Ya te digo, John -dijo Claverhouse apurando el café-, puedes irte cuando quieras…
Rebus miró el pasillo de arriba abajo.
– ¿Estorbo o qué?
– No es eso. Pero estás en servicio de enlace. Punto. Ya sé cuál es tu manera de trabajar y que te entregas a los casos, demasiado incluso. Ejemplo de ello: Candice. Quiero decir…
– ¿Lo que quieres decir es que no me entrometa?
A Rebus se le encendieron las mejillas: «Ejemplo: Candice».
– Simplemente quiero decir que es nuestro caso. No el tuyo.
– No entiendo -dijo Rebus entornando los ojos.
Clarke intervino.
– John, lo que quiere decir…
– ¡Bah! Vale, Siobhan. Déjale que se explique.
Claverhouse suspiró, espachurró el vaso vacío y miró en torno buscando una papelera.
– John, la investigación sobre Telford implica no perder de vista a Big Ger Cafferty y a su banda.
– ¿Y bien?
Claverhouse lo miró.
– OK, ¿quieres que te lo deletree? Ayer fuiste a Barlinnie; las noticias vuelan. Viste a Cafferty y estuvisteis charlando.
– Él me pidió que fuese -mintió Rebus.
Claverhouse alzó las manos.
– El hecho es que, como acabas de decir, te pidió que fueses y fuiste -añadió encogiéndose de hombros.
– ¿Pretendes decir que me tiene metido en el bolsillo? -replicó Rebus alzando la voz.
– Chicos, chicos -terció Clarke.
Se abrieron las hojas de la puerta del fondo del pasillo para dar paso a un joven de traje oscuro, que iba camino de la máquina de bebidas balanceando una cartera y tarareando una melodía, pero al llegar junto a ellos dejó de canturrear, puso la cartera en el suelo para buscar calderilla en los bolsillos y los miró sonriente.
