
«Sammy allí, detrás -pensó-, y yo aquí fuera charlando como si tal cosa». Todo el tiempo que llevaba en el hospital ella había estado ahí mismo, en aquella habitación. Dos secuencias cruzaron su mente como un destello: un atropello, con el coche dándose a la fuga, y un segundo automóvil huyendo a toda velocidad de Flint Street.
Agarró a Redpath.
– ¿Al final de Minto Street, has dicho?
– ¿Cómo?
– Sammy… ¿al final de Minto Street?
Mirando a Redpath que asentía con la cabeza, Clarke se dio cuenta de inmediato en qué pensaba Rebus.
– No creo, John. Iban en direcciones opuestas.
– Pudieron dar la vuelta.
– Acabo de hablar por teléfono -dijo Claverhouse que había oído parte de la conversación-. Han localizado el coche del que arrojaron a Danny Simpson; es un Escort blanco que estaba abandonado en Argyle Place.
Rebus miró a Redpath.
– ¿Era un Escort blanco?
– Los testigos dijeron que era oscuro -contestó el joven negando con la cabeza.
Rebus se volvió hacia la pared y permaneció con las palmas de las manos pegada a ella, mirando la pintura, como si pudiera ver a través del muro.
Claverhouse le puso una mano en el hombro.
– John, seguro que se recuperará. Te van a dar un calmante, pero mientras tanto, ¿qué tal un poco de esto?
Claverhouse sujetaba entre sus brazos la chaqueta de Rebus ocultando la botella que sostenía en la mano.
La bomba del suicida.
Cogió la botella, desenroscó el tapón mirando a la puerta que daba al pasillo, se llevó la petaca a los labios y bebió.
