
– Sus efectos personales están ahí dentro -dijo la mujer entreabriendo la puerta y pasando al interior.
La ropa estaba doblada en una silla y debajo había una bolsa. Al cogerla la doctora, Rebus vio algo: una caja plana de cartón blanco.
Una caja de pizza. Vaqueros negros, sostén negro y blusa roja de satén. Y una trenca negra.
– John…
Zapatos igualmente negros de tacón bajo y punta cuadrada, nuevos salvo por las rozaduras, como si los hubieran arrastrado por el pavimento.
Entró como una tromba. Tapaba sus facciones la mascarilla de oxígeno y sólo se veía la frente llena de cortes y magulladuras en la parte que dejaba al descubierto el cabello apartado; tenía los dedos colorados y la palma de las manos en carne viva. No estaba tendida en una cama sino en una camilla metálica ancha.
– Por favor, señor, aquí no puede estar.
– ¿Qué sucede?
– Este caballero…
– John, John, ¿qué te pasa?
Le habían quitado los pendientes. Tres agujeros pequeñitos; uno de ellos más rojo que los otros. Vio su rostro sobre la sábana, sus ojos hinchados con moratones, la nariz rota y las mejillas arañadas; un labio partido, una rozadura en la barbilla y las pestañas inmóviles. Veía a una víctima de un accidente que, además, era su hija.
Lanzó un grito.
Clarke y Redpath tuvieron que sacarlo a rastras ayudados por Claverhouse, que había acudido al oír el alboroto.
– ¡Dejen la puerta abierta! ¡Los mato si la cierran!
Intentaron hacerle sentar. Redpath quitó el libro de la silla, pero Rebus se lo arrebató y lo tiró al pasillo.
– ¿Cómo es posible que estés leyendo un puto libro? -exclamó-. ¡Sammy ahí dentro y tú leyendo novelas!
El vaso de Clarke había recibido un puntapié derramándose el café por el suelo y Redpath cayó al ser empujado por Rebus.
– ¿No podrían abrir la puerta? -inquirió Claverhouse-. ¿Por qué no le dan un sedante?
Rebus se mesaba los cabellos, lanzaba alaridos sin lágrimas y profería incoherencias con voz ronca. Agachó la cabeza y al verse aquella ridícula camiseta supo qué era lo que marcaría el recuerdo de aquella noche: una camiseta de Iron Maiden con un demonio sonriente de ojos de fuego, y se quitó la chaqueta dispuesto a destrozarla.
