

Susan Mallery
El jeque y la princesa
Capítulo 1
QUÉ estupidez es ésa de que no quieres ser princesa? -preguntó Cleo.
Zara Paxton hizo caso omiso de su hermana y de la pregunta que acababa de formular. Fuera o no fuera una estupidez, lo único que deseaba en aquel momento era marcharse de allí cuanto antes. A fin de cuentas, le había parecido una mala idea desde el principio.
En ese momento oyeron la voz del guía, que se dirigía a los turistas en una de las visitas guiadas al palacio de Bahania, cuyas paredes estaban cubiertas de mosaicos multicolores; algunas de los pequeños azulejos se habían desprendido durante los ú1timos mil años, pero la mayoría seguía en su sitio y se podía contemplar un bello paisaje marino con una isla en la distancia.
– El mosaico es de principios del siglo XII y es una escena de la isla de Lucas-Surrat. La corona de la isla siempre ha pertenecido a un miembro de la casa real de Bahania.
Cleo bajó la voz e insistió:
– ¿Cómo es posible que no quieras? Vamos, Zara, deberías probarlo al menos…
– Para ti es fácil de decir. No se trata de tu vida.
– Ojalá se tratara de mí. Me encantaría descubrir que soy hija de un miembro de la realeza.
Zara empujó a su hermana para que siguiera adelante y echó un vistazo a su alrededor para asegurarse de que nadie las había oído. Sin embargo, los demás estaban más interesados en las explicaciones del guía que en la conversación de las dos mujeres.
La tomó del brazo, se la llevó a un aparte y sólo entonces se detuvo.
– No insistas, Cleo. Además, ni siquiera sé si eso es cierto… Sólo tengo unas cuantas cartas y no significan necesariamente que el rey sea mi padre.
Cleo no parecía muy convencida.
Si no crees que existe la posibilidad, ¿qué diablos estamos haciendo aquí? -preguntó.
