Ahora, al observar a Arthur atravesando a grandes zancadas el césped perfectamente cuidado, con su cabello entrecano iluminado por el sol matinal, Eric se fijó en su ligera cojera y se le encogió el corazón. Arthur ya no era un hombre joven, y aunque nunca se había quejado, Eric sabía que sus articulaciones envejecidas le producían con frecuencia rigidez y dolor. Le había ofrecido un dormitorio bien amueblado en la casa solariega, pero él lo había rechazado. Tan generosa oferta hizo aflorar lágrimas en los ojos azul claro de Arthur, pero prefirió quedarse en su alojamiento situado encima de los establos, cerca de los caballos que amaba y cuidaba.

Una sonrisa curvó los labios de Eric, pues sabía que Arthur también había rechazado su oferta debido a que no quería arriesgarse a entrar furtivamente en la casa principal en mitad de la noche, después de verse con su amada. Aunque entre ellos no existían secretos, rara vez hablaban de sus respectivas vidas amorosas. Arthur se sentiría mortificado si sospechase que Eric estaba al tanto de sus citas a altas horas de la noche, pero éste se alegraba por él.

“Quizá no sea una cojera en absoluto, sino más bien una manera de andar con alegría”, pensó Eric.

Desvió la mirada hacia el bosque que se veía a lo lejos, y sus pensamientos regresaron al asunto que lo ocupaba.

Compartía con los Briggeham sólo una amistad informal, al igual que con la mayoría de las familias de la zona. Vivía la mayor parte del tiempo en Londres, en estrecho contacto con el abogado que llevaba sus asuntos, y en Wesley Manor pasaba solamente unas semanas en verano. Durante aquellas breves estancias, esquivaba con mano experta las maniobras casamenteras de las madres del pueblo, de las cuales la señora Cordelia Briggeham era una de las más notables. Por supuesto, la señora Briggeham conocía, al igual que las otras madres de Tunbridge Wells, su inveterada aversión al matrimonio, si bien no estaba al corriente de todos sus motivos. Por desgracia, dicha aversión servía sólo como un reto para las intrépidas casamenteras azuzadas por sus hijas.



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