
El teléfono sonó a las nueve y media y la voz que escuché no me era desconocida.
– ¿Habla el señor Marlowe?
– Sí, con él habla.
– Está hablando con Sylvia Lennox, señor Marlowe. Una noche, hace de esto un mes, nos encontramos un momento frente a The Dancers. Después supe que usted fue tan amable que se preocupó de llevar a Terry a su casa.
– Así lo hice.
– Supongo que sabe que estamos divorciados, pero he estado un poco preocupada por él. Dejó el departamento que tenía en Westwood y nadie sabe dónde está.
– Me di cuenta de lo preocupada que estaba la noche que nos conocimos.
– Oiga, señor Marlowe. Estuve casada con él. No simpatizo mucho con los borrachos. Quizá fui un poco insensible, quizá tuve algo importante que hacer. Usted es un detective privado y, si lo prefiere, puedo plantearle esto profesionalmente.
– No tiene por qué hacerlo, señora Lennox. Terry está viajando en un ómnibus a Las Vegas. Tiene allí un amigo que le dará trabajo.
Ella se animó en seguida.
– ¡Ah!… ¿A Las Vegas? Eso sí que es ser sentimental. Fue allí donde nos casamos.
– Creo adivinar que debe haber olvidado ese detalle, porque si no, se habría ido a alguna otra parte.
En lugar de colgar el tubo se rió, con risita insinuante.
– ¿Siempre es tan rudo con sus clientes?
– Usted no es mi cliente, señora Lennox.
– Puedo serlo algún día. ¿Quién sabe? Entonces, digamos, con sus amigas.
– La misma respuesta. El muchacho estaba en las últimas, muerto de hambre, sin un cobre. Usted podría haberlo ayudado si hubiera creído que valía la pena perder tiempo en ello. En aquel momento él no quiso recibir nada de usted y probablemente tampoco lo querrá ahora.
– Eso es algo que usted no puede saber. Buenas noches -dijo fríamente, y colgó el auricular.
Por supuesto, ella tenía razón y yo no, pero no tuve la sensación de haberme equivocado. Simplemente me sentí herido, molesto. Si hubiera llamado media hora antes podría haberme sentido lo suficiente molesto como para mandar al diablo a Steinitz… si éste no hubiera muerto hacía cincuenta años y yo no estuviera jugando contra un libro de ajedrez.
