– Va a ser un día precioso. Corre una ligera brisa. Se puede oír el susurro de los viejos eucaliptos que están en la vereda de enfrente murmurando entre sí. Hablan de los viejos tiempos, en Australia, cuando los canguros saltaban bajo las ramas y los koala caminaban trepados unos al lomo de los otros. Sí, tenía la impresión de que usted estaría metido en el lío. Pero hablaremos de eso cuando haya tomado un par de tazas de café. Siempre estoy un poco aturdido cuando acabo de levantarme. Conferenciemos con Mr. Huggins y Mr. Young.

– Oiga, Marlowe, no es el momento de…

– No tema, amigo; míster Huggins y míster Young son dos tipos de lo mejor. Hacen el café Huggins-Young para mí. Es el trabajo de su vida, su orgullo y su alegría. Uno de estos días me ocuparé de que consigan el reconocimiento que se merecen. Hasta ahora todo lo que han hecho es ganar dinero. No podemos esperar que se contenten con eso.

Lo dejé y me dirigí a la cocina. Puse a calentar el agua y bajé la cafetera del estante. Mojé el filtro y metí adentro la cantidad de café necesaria; el agua ya estaba hirviendo. Llené con agua la mitad inferior y la puse al fuego, y luego coloqué la parte de arriba y le di una vuelta para que quedara ajustada.

En aquel momento sentí que Terry se acercaba, se apoyó un instante en el marco de la puerta y después se dirigió hacia la mesa del desayuno y se deslizó en el asiento. Seguía tiritando. Saqué del armario una botella de Old Grand-dad y le serví una buena cantidad en un vaso grande. Sabía que necesitaría un vaso grande. Tuvo que usar ambas manos para llevárselo a los labios. Bebió un buen trago, puso el vaso sobre la mesa y se reclinó de golpe sobre el respaldo del asiento.

– Estoy casi listo -murmuró-. Parece como si hubiera estado sin dormir una semana entera. Anoche no descansé nada.

El agua de la cafetera estaba a punto de hervir. Puse la llama baja y observé cómo se levantaba el agua. Se mantuvo un poco en el fondo el tubo de vidrio. Subí la llama lo suficiente para que el agua pasara por el codo y en seguida la bajé de nuevo. Revolví el café y lo tapé. Marqué tres minutos en el reloj. Este Marlowe es un muchacho muy metódico. Nada debe interferir en su técnica de preparar café. Ni siquiera una pistola en manos de un tipo desesperado.



24 из 376