Danielle Steel


El Largo Camino A Casa

1.-

El reloj del vestíbulo tintineaba insistentemente mientras Gabriella Harrison se ocultaba en la oscuridad del armario. Los abrigos de invierno le rozaban la cara cada vez que empujaba su cuerpecito hacia el fondo y en el proceso tropezó con las botas de su madre. Era un buen escondite. Allí nunca se les ocurriría mirar, y menos ahora, en pleno verano neoyorquino.

El calor en el abarrotado armario era sofocante. Con la mirada pasmada, Gabriella oyó acercarse pasos y contuvo la respiración. El martilleo de los tacones de su madre pasó frente al armario como un tren expreso y Gabriella notó la ráfaga de aire en la cara. Aliviada, se permitió respirar una vez y volvió a contener el aliento, como si su sonido pudiera atraer la atención de su madre. Con apenas seis años sabía ya que su madre poseía poderes sobrenaturales. Dondequiera que se escondiera siempre acababa encontrándola, como si pudiera detectar su olor. Era la inevitable atracción de una madre hacia su hija, de esos ojos castaños y profundos que todo lo veían y sabían. Gabriella era consciente de que por mucho que se escondiera su madre siempre acababa encontrándola, mas tenía que intentarlo.

Gabriella era, para su edad, una niña menuda tanto de peso como de altura, y sus enormes ojos azules y sus rizos dorados le daban el aspecto de un duendecillo. La gente que la conocía decía que era como un ángel. Siempre parecía estar espantada, como un ángel recién caído sobre la tierra que ignora lo que le espera. Nada de lo que había vivido durante esos seis años guardaba parecido alguno con lo que hubieran podido prometerle en el cielo.

Los tacones de su madre pasaron de nuevo frente al armario. Esta vez el martilleo fue más fuerte y la niña comprendió que la búsqueda se había intensificado.



1 из 308